Hay historias que marcan un antes y un después cuando todavía se es demasiado chico para entender lo que está pasando. La vida de Thiago cambió para siempre cuando tenía apenas cuatro años, una edad en la que los recuerdos suelen ser difusos, pero las ausencias pesan igual. Hoy, con 15 años, el hijo menor de Nazarena Vélez decidió poner en palabras lo que siente y abrir su corazón como nunca antes.
Thiago, el hijo de Nazarena Vélez, habló de la ausencia de su papá y del rol clave de “El Bocha”
El adolescente perdió a su padre, Fabián Rodríguez, siendo muy pequeño. El empresario tomó la decisión de quitarse la vida, generando un dolor profundo en toda la familia. Con el paso del tiempo, Thiago fue creciendo acompañado por su mamá y por Santiago Caamaño, “El Bocha”, actual pareja de Nazarena, quien ocupa un lugar fundamental en su día a día.
Al hablar sobre él, fue claro y sincero: “Lo considero como un padre, pero nunca le dije papá. Obviamente lo considero como si fuese mi viejo. No es fácil estar con un nene de que perdió a su padre y acompañarlo en un proceso tan difícil. Yo estaba en segundo grado y El Bocha me acompañó en toda la primaria y ahora está viviendo conmigo en mi secundaria”, expresó, reconociendo el acompañamiento constante que recibió.

Sobre la pérdida de su papá, Thiago explicó: “Tenía cuatro años cuando pasó todo. Cada tanto lo vamos a visitar con mi mamá al cementerio. Tres o cuatro veces por año vamos. Vamos para la fecha, que es el 24 de marzo, y después capaz para alguna fecha importante. Mi vieja en ese sentido fue súper flexible y me dijo: ‘Bueno, está bien, tu papá se murió. No te voy a obligar a que vayas todos los días”.
Además, compartió cómo vive esos momentos íntimos junto a su mamá: “Ella siempre me dice: ‘Titi, cuando lo necesites, sabés que estoy yo. Vamos, nos hacemos un huequito. No es que vamos a llorar o nada de eso. Vamos 15 minutos y listo’. Vamos, charlo con él ahí lo que puedo, así sean 15 minutos o 20. Depende del tiempo que yo necesite, pero sí, sí, sí. Lo voy a visitar y no lo voy a dejar de hacer bajo ningún punto de vista”.

Quizás la frase más fuerte llegó cuando reconoció algo que duele admitir: “No me acuerdo de él, sinceramente. En base a anécdotas y fotos, sé que era un buen hombre. Y bueno, en el alma lo sigue siendo. Me dio la vida para que yo después lo pueda conocer a El Bocha. ¡Así que imaginate! Creo que todo pasa por algo”, sentenció.
Con madurez y sensibilidad, Thiago dejó en claro que, aunque la ausencia marcó su infancia, también hubo contención, amor y nuevas oportunidades. Una historia atravesada por el dolor, pero también por la resiliencia y la construcción de nuevos lazos que hoy forman parte esencial de su vida.