Durante su reciente participación en la histórica mesa televisiva de Mirtha Legrand, Amalia Granata no solo habló de política ni de las polémicas del espectáculo. En medio de la conversación, la diputada santafesina decidió compartir un aspecto muy íntimo de su vida familiar, algo que pocas veces expone públicamente. Sus palabras generaron un clima de atención y sensibilidad cuando reveló detalles sobre la realidad que atraviesa con su hijo menor, Roque.
La exmodelo y actual legisladora abrió su corazón para explicar los desafíos que enfrenta el niño de 9 años, fruto de su relación con Leo Squarzon. Aunque en otras oportunidades ya había mencionado el tema, esta vez profundizó sobre el diagnóstico y las dificultades que aparecieron en el ámbito escolar, dejando en claro que el proceso familiar no fue sencillo.
La confesión de Amalia Granata sobre el diagnóstico de su hijo Roque
Granata contó que su hijo fue diagnosticado con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) y también con dislexia, dos condiciones que influyen en su aprendizaje y comportamiento en el aula. Sin embargo, al hablar del tema, la diputada planteó una mirada distinta sobre cómo muchas veces se interpreta este trastorno. “Yo le corregiría y no es déficit de atención; lo que tienen los chicos es múltiple atención”, expresó, marcando su postura respecto a la forma en que se suele etiquetar a los niños con este diagnóstico.

Luego explicó con mayor detalle cómo se manifiestan estas características en su hijo. “Él tiene hiperactividad, y no se puede quedar quieto, no se puede concentrar en una sola cosa sino que está concentrado en todo lo que pasa alrededor. De hecho los chicos con TDAH tienen una mente brillante, y además la dislexia que influye con la disgrafia”, señaló. Y agregó con sinceridad: “Fue muy complicado en el colegio”.
Según relató, las primeras señales comenzaron cuando Roque cursaba primer grado. En ese momento, las docentes notaron que le costaba mantenerse quieto durante las clases y que presentaba algunas dificultades para seguir el ritmo del grupo. “Los chicos se ponen como agresivos pero no porque sea agresivo ni malo, sino porque ese niño se frustra”, explicó Granata al referirse a ciertas reacciones que pueden aparecer cuando los chicos no logran expresar lo que sienten.
La diputada también detalló cómo esa frustración puede impactar en la conducta dentro del aula: “El no poder avanzar con la clase o mismo la burla de sus compañeros hace que el niño se frustre y no puede expresar con palabras lo que le pasa y lo expresa con golpes o agresiones”.
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Fue en ese contexto cuando decidieron buscar ayuda profesional para entender lo que ocurría. “A partir de ahí nos convocaron, le hicimos estudios con pedagogas y salió que tiene TDAH y dislexia”, reveló, recordando el momento en que finalmente llegó el diagnóstico.
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Durante la charla también surgió otro debate que atraviesan muchas familias en situaciones similares: la posibilidad de tramitar el Certificado Único de Discapacidad (CUD). Granata fue contundente al explicar su postura frente a esa opción. “Todos me dicen ‘sacale el CUD’, pero Roque no es discapacitado. ¿Cómo voy a usar un certificado de discapacidad?”, expresó, generando una fuerte discusión en la mesa.
Con su testimonio, Amalia Granata puso sobre la mesa una problemática que viven miles de familias, mostrando el lado más humano de una realidad que muchas veces se discute poco en los medios: los desafíos educativos, emocionales y sociales que enfrentan los niños con TDAH y dislexia.